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Woody Allen explora con genio el drama pasional...

admin @ Thu, 2006-03-09 12:05

A los setenta años, abrió con una nueva exploración en su cine. Se mudó de Nueva York a Londres, cambió el jazz por la ópera, se abstuvo de incluir un solo chiste, se evitó como actor y tampoco incluyó una réplica de su habitual personaje, y hasta modificó su técnica narrativa al punto de volverla, casi, irreconocible.

El nuevo film, desde su presentación en Cannes el año pasado, suele recibir, entre otros elogios, uno dudosamente halagüeño: se ha dicho que como si ahora, una vez que se atrevió a romper con el cascarón neurótico de Manhattan, se le diera la bienvenida a la auténtica casa del cine, como si se le agradeciera haber sentado cabeza y dejado de lado las habituales referencias al judaísmo y el psicoanálisis en la marea de sus obsesivas réplicas brillantes (agradecimiento que pasa por alto el hecho de que ninguna película suya es igual a la anterior). Hay algo de cierto en esto: es la obra menos atada a su estilo, donde más despega de sus costumbres, pero sin que por ello contradiga su propio mundo. Al contrario. La película, algo más de dos horas de tenso drama de suspenso, amor, celos y sangre, podrá ser vista con enorme placer por público menos acostumbrado a su estilo, y por sus seguidores como una magnífica variación de su obra maestra a la que más se asemeja.

Cuanto menos se conozca del argumento de antes de verla, mucho mejor; básicamente, es la historia de un arribista, Chris (), irlandés de clase baja que llegó a ser figura del tenis -aunque nunca número uno-, y que más tarde, ya establecido en Londres, trabaja como instructor de aficionados en un club exclusivo.

Su empleo lo lleva a conocer a Tom (Matthew ), hijo de una familia de clase alta, y a través de él a su hermana Chloe (Emily ), que se enamora pronto del descastado. Chris le corresponde, pero parece más enamorado de la idea de llegar a pertenecer a la aristocracia que de la muchacha, cuya única obsesión es ser madre lo antes posible. En una de las primeras fiestas en la casa de campo, Chris se cruza con la novia de Tom, la vanidosa norteamericana Nola (Scarlett ), otra descastada como él: punto de partida del drama, en un crescendo que no cesa y que , con un pulso narrativo realmente infrecuente en su obra, mantiene en alto toda la película.

, viejo embustero, ha dicho que el azar es el tema de pero tal vez ni él lo crea. Por el contrario, el tema parece ser la imposibilidad de que ese golpe de fortuna, o de desgracia, sea capaz de torcer un destino, o de modificar radicalmente la forma de prisión que cada uno se eligió o le fue predestinada. Si creyera realmente en el azar, sería un optimista. Nada más lejos de él.

Como en el autor que sobrevuela esta película, y más explícitamente aun, es , de una forma más amarga y agnóstica. En aquel film estaba presente la mirada de Dios; en éste, no hay otra mirada externa que la de la policía (torpe y ciega, como en ), dejando al hombre librado a su propia culpa, forjándose la cárcel que eligió.

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